Marrakech me confrontó.
Me perdí y tuve miedo. Real, físico, latente.
Pero cuando encontré mi riad, el té, los pasteles y la hospitalidad me suavizaron el alma.
Aprendí que el miedo no es un fin: Es un inicio.
Lo que me movió: Descubrir que incluso cuando me tiembla la voz, sigo avanzando.
Marrakech me hizo más valiente.Clari

Mi ruta en Marrakech (3 días)
- Medina: Caos hermoso.
- Zoco: Olores, colores, artesaní
- Plaza Jemaa el-Fna: Energía pura.
- Jardín Majorelle: Mi paz dentro del caos.
- La Madrasa Ben Yourseff: Belleza, esplendor, lugar de paz y calma.
- Palacio de la Bahía: Detalles que parecen joyas.
- Riad tradicional: El gran abrazo del viaje.


